No hay que olvidar el objetivo principal
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El rencor es un sentimiento malo. Nace cuando a uno lo hirieron. Es ––o debería serlo–– justificado; pero hay que eliminarlo. No suma, absolutamente, en nada. A la larga, empeora las cosas. Y todo sale de la peor manera. Hay que saber recapacitar. Abrir la mente. Entender. Uno no es el dueño de la verdad. Nadie lo es.
Todos nos equivocamos. Somos personas, justamente. El arrepentimiento sincero, existe. Es posible, si uno lo siente de verdad. Hay lugar para disculparse, siempre. Y para disculpar, también. Mientras sea legítimo ese sentimiento de: desearía no haberlo hecho.
La bronca y el resentimiento tampoco conducen a uno por un buen camino. Hay que despojar esas conductas. Sin que te des cuenta, te enferman por dentro. Y no sólo en lo físico. Calan más profundo.
Las situaciones malas son inevitables. Están en la vida de todos. La culpa. Está siempre allí ––siempre estará––, y hiere. Pero hay que aprender de las equivocaciones. Se pueden controlar. Y no repetirlas más. Hay que estar muy atento a las lecciones que se te presentan. Y aprovecharlas para mejorar. Para ser mejor persona. Después de todo, es el objetivo principal.
Fiebre Amarilla
Pescar, pescamos… tal cual lo había predicho el guía de pesca. Fin de semana, en Victoria ––Entre Ríos––, plagado de bagres de distintas variedades y tamaños. Se hizo rogar, pero también salió un doradillo, el main target de la excursión.
La lluvia a cántaros que cayó el viernes 10 (de septiembre) no nos amedrentó. La salida estaba pactada para arrancar el sábado bien temprano y volver el domingo a la tarde; no queríamos suspenderla, bajo ninguna circunstancia. Por eso, tal lo pactado, partimos en fecha y horario. Algunas nubes ––para no decir todo cubierto–– en el camino nos hicieron titubear un poco, pero flaquear jamás. Bajo un cielo celeste y un fuerte sol, a las 11 de la mañana estábamos arribando al destino: Victoria, Entre Ríos.
Jesús (“JC”), Diego y yo, el grupo. Fuimos con una idea entre ceja y ceja: pescar doradillos. Si bien sabíamos que no es el pez que más frecuenta ni en las lagunas de esa localidad (Laguna “Grande”, “Recalde”, “Del Pezcado”, “De las Gaviotas”, “Los Gauchos”, “Batalla”), ni en los canales y brazos que las conectan, la expectativa de atrapar un ejemplar de dorado cachorro siempre estaba ahí, intacta. De hecho, en otras visitas a la zona, “JC” ha realizado alguna captura de ese tipo. Entonces, la idea se acrecentaba, claro está.
Como dije, Jesús conocía el lugar. Sabíamos en qué isla queríamos acampar (y pescar). Lo único que necesitábamos era contratar un lanchero que nos acerque. Estacionamos el auto y bajamos los equipos de pesca y demás bultos. Al instante, como el depredador que acecha la presa, apareció él. Sí, el guía de pesca. Como siempre: aspecto de paisano. De buen tipo. Impermeable amarillo, cual el diputado salteño Alfredo Olmedo ––o también conocido como “Polar Amarillo”––, camisa cuadriculada, bombacha de gaucho y pañuelo al cuello. No podía ser de otra forma. Obvio, rápidamente nos rompió la ilusión. Queríamos ir hacia el Norte y lo peor que nos pudo decir fue: “Allá no van a pescar nada. No está saliendo. Ahora se está sacando para el Sur”. Desde ese momento supe que habíamos picado. Ya habíamos tomado el señuelo y con facilidad.
Las propuestas que nos ofreció no nos disgustaron. Lo admito. Nos recomendó dos pesqueros: Las Tres Bocas y El Paranacito. El primero, más cerca y transitado ––y más barato––; el segundo, más apartado y desolado. La última opción, por la tranquilidad que buscábamos, era la mejor. Y aceptamos. Claro, encima, según el guía, “había mejor pique”.
El viaje en lancha, de unos supuestos 50 minutos que ––en realidad–– fueron 25, sirvió para entablar la conversación con él. Le pedimos los consejos necesarios: zonas de pique infalible, carnada, variedad de peces del lugar y hasta modalidad de pesca. Él hablaba y nosotros cada vez entrábamos más. Las frases que uno nunca quiere escuchar de un guía, aparecieron. Paulatinamente. A fuego lento: “Yo quiero que pesqués”, “A donde te llevo es el mejor lugar”, “Pescar, van a pescar”… ¡Ay Dios! Ojo, no mintió: pescar, pescamos.
Diego iba controlando el tiempo de navegación. Antes de la media hora, ya estábamos en el destino: El Paranacito. Simplemente el nombre, nos compraba. Y resultó un lindo pesquero: tierra firme, pasto, terraplenes, y algunos lugares playos como para sacar los pescados sin necesidad de un bichero. Y en el agua, lo que buscábamos: en cuanto al ancho del río, amplitud para tirar (unos 20 o 25 metros); zonas con vegetación flotante; correderas fáciles de acceder, esenciales para el dorado; orillas tranquilas, predilectas de las tarariras; y, a prima vista, profundidad.
Como siempre, la idea al principio era organizar los bultos y quizás armar la carpa. Pero al encontrar el sitio que elegimos para el campamento, lo primero que hicimos fue preparar los equipos y comenzar con los primeros lances.
Llevamos líneas de fondo ––simples, de dos, y tres anzuelos–– y flote. También fui con algún que otro señuelo de media agua. La carnada: masa, por si aparecía alguna boga o carpa; lombrices, por la variedad de bichos que las toman; y, obvio, la vedette local, tripa de sábalo, que como se sabe, con el paso de las horas, se transforma en tripas de sábalo podrido. Con estas vísceras, en teoría, pican todas las especies del lugar, incluido el doradillo.
Sería la una de la tarde y, en busca de peces de profundidad, tiramos los tres. A los pocos minutos, no llegué a armar mi segunda caña, que tuvimos la primer respuesta. Diego se percató que un bagre amarillo acometía a Diego (“Cagna”, mi caña finita, de dos metros diez, que tengo desde los 12 años). Y salió el pescado. Pequeño, resultó ser. Era una idea de lo que nos esperaba. Me resonó en la mente lo que nos había vaticinado el guía, antes de embaucarnos… perdón, embarcarnos: “Pescar, van a pescar. Bagres. Y… alguna boga… también”, dijo. “¿Y doradillos?”, le preguntamos. La respuesta fue dudosa; no nos dijo ni sí ni no. Pero igual nos había convencido. Por eso, al recordar el presagio, le dije a “JC”: “Me parece que vamos a tener una jornada con muchos bagres”.
Efectivamente. Conforme pasaban los minutos, salían más y más pescados de esa especie. Casi todos más grandes que el primero. Estos bigotudos con chuzas se desviven por la tripa de sábalo. Entonces, era lanzar y pique: otro bagre. Hubo varios dobletes y hasta tripletes. Salieron ejemplares de hasta unos 30 centímetros. Diego y Jesús realizaron las capturas de mayor porte. Además de la variedad amarillo, obtuvimos algunos marrones ––allí le dicen “bagre sapo” o “lagunero”–– y otros tantos grises, a los que llaman “porteños”. Realizamos, en casi todos los casos, la devolución del pescado al agua.
Pasaron varias horas y el pique cortaba de a ratos. Luego, volvía. La sensación ante esta pesca era extraña. De alguna manera, nos habíamos aburrido, porque la actividad se había tornado monótona: siempre la misma especie. Sin embargo, sabíamos que podía ser peor. Más allá de algún comentario que deslizamos en voz alta, en tono de gracia, por dentro sentíamos seriamente la tranquilidad de que si no estuvieran ahí esos bagres, el aburrimiento nos hubiera agobiado. Y claro, el fracaso de no pescar nada, al menos, ya lo habíamos superado.
Intenté, por mi parte, cortar con la racha que veníamos. Para ello, encarné con la masa que llevamos y con lombriz. Ninguna funcionó. El cebo para boga resultó tener buena consistencia, ya que logró estar en el anzuelo casi una hora en el agua y no se salió. Pero no pude engañar a ningún pez. Las lombrices, no duraban casi nada al sumergirse. Seguramente, peces chicos picoteaban hasta comerlas todas, sin caer en la trampa.
También, incluso, en un momento probé hacer un poco de spinning con un señuelo verde, de media agua.De repente, en la orilla vi un cuerpo inerte, tenía forma de pez. No me cabía duda. De hecho, tenía como un lomo oscuro, parecía una tararira. Entonces, comencé a lanzar cerca para tentarla con el señuelo. Ni se mosqueó. Abandoné la práctica. Como una media hora más tarde, “JC” y Diego se dieron cuenta que ciertamente era una tarucha. Le tiraron al lado una línea encarnada. Y tampoco picó. Se avivó y se fue, lentamente, hacia la mitad del río.
Ante la misma respuesta siempre a nuestros tiros con plomada y con la carnada predilecta de la zona ––los tres coincidimos: la más putrefacta que pudimos haber utilizado en nuestras vidas––, comenzamos a probar otras técnicas. Aplicamos los aparejos de flote. Había correntada fuerte, estaba difícil para la boya. Pero, ya al atardecer, el río se planchó. Así se facilitó la tarea de flotación. No tuvimos, de todos modos, la mejor de las suertes. Lo más llamativo fue que en una línea símil mojarrera, pero con un anzuelo número tres, creemos fue una tararira la que tomó el filete de bagre. Sin embargo, cuando “JC” encañó, el pez pegó un salto y logró zafar del enganche.
Se hizo la noche y nos encontró con una carpa bien armada y un campamento organizado. Creíamos tener todo para pasar la velada en el medio de la nada, pero la duda estaba. La incertidumbre era si alcanzaría, sobre todo, el agua que teníamos ––algunas botellas de litro y medio––, la luz, y la leña. Por las otras provisiones no nos preocupamos, lo habíamos cubierto bien.
Hicimos unos tiros más, luego de la cena, al costado de un controlado fuego. En la oscuridad, siguieron saliendo bagres. Obviamente, la tarea de devolución fue más difícil, debido a la escasez de luz. Aún así, la cumplimos a rajatabla. Antes de irnos a dormir, me pasó lo peor: al levantar mi última caña, un bagre estaba enganchado en la línea. No quería escuchar más los ronquidos de ese animal; tenía frío y sueño. Por suerte, se soltó rápido del anzuelo y “al agua pato”.
Realizamos una recorrida para inspeccionar las inmediaciones de nuestro campamento. Nos habíamos aburrido de la pesca y creímos también que nos tranquilizaría un poco ver que no había nada peligroso cerca. No obstante, por el río pasaban barcos y lanchas. Por eso, estábamos atentos a que nadie quiera atentar contra nosotros, acostumbrados a la inseguridad reinante que hay en Buenos Aires. En plena madrugada, una embarcación surcaba ––iluminando tierra firme con una linterna–– aguas próximas a nuestra carpa. Y se fue. Repentinamente, a unos 100 metros, frenó motores. Sin titubear, decidimos salir y ver qué pasaba. Afortunadamente, encendieron la máquina y siguieron su rumbo. Así dormimos y descansamos tranquilos. Luego, nos enteramos que eran cazadores nocturnos. El guía nos dijo que, en 20 años, nunca hubo un acto de delincuencia en la zona.
Nos levantamos a las siete de la mañana. La idea era pescar hasta el medio día, porque a la una de la tarde el lanchero pasaba a recogernos. Y tiramos de fondo. Obviamente, amanecimos de la misma manera que anochecimos el día anterior: con fiebre amarilla.
Sin embargo, Jesús intentó algo nuevo, que no supimos qué era, sino hasta que funcionó. Con un filete de bagre que había quedado del sábado, todo mal encarnado, clavó un pez que especulamos era un doradillo. Mientras Jesús recogía, el bicho saltaba y corcoveaba. Más cerca de la orilla estaba, más crecía la certeza de que no era bagre. Se hizo rogar ese espécimen, pero salió. La postal ––capturada por la cámara de Diego––, lo atestiguaría para la posteridad.
Entonces, como sucede siempre, comenzamos a utilizar la carnada que tuvo éxito. Fallamos en la devolución al agua de algunos pescados, pues sino no había tentación para el dorado. En la búsqueda, “JC” pescó otro ejemplar “no bagre”. Tenía dientes, con tono dorado ––“es medio doradillo”, dijo Jesús––, y forma de medallón. Pensamos: una piraña grande o palometa.
No sabemos qué clase de peces mordían y se comían nuestra carnada. Había pique, pero no quedaban enganchados. Y al sacar la línea, el trozo de pescado estaba todo carcomido, con marcas de dientes. Nuestra suposición fue que debieron haber sido pirañas chiquitas o pequeños dentudos.
Con estos misteriosos piques, sin capturas, fuimos terminando las últimas horas de nuestra jornada de pesca en Victoria. Armamos todo el equipaje en forma ordenada y cuando el guía nos pasó a buscar, estábamos listos. A emprender el regreso.
Como siempre, una excursión como esta es una buena reunión de amigos. Y cada salida de pesca, me deja una enseñanza. Esta vez no fue excepción. Lo que aprendí es que ni la frustración de no haber pescado el main target (un doradillo), ni tampoco haber atrapado un pez gordo ––o grande––, pueden opacar la gran satisfacción que ––para mí–– tiene este deporte. Y es que más allá de una buena captura, lo más lindo siempre será ver como el pescado regresa al agua y es pez nuevamente. Para eso pesco. Y así seguiré.
Balbi espera por los superligeros nacionales
El ex campeón del mundo sigue con ganas de pelear. Está enfocado en el gimnasio: “más que nunca”, admitió. Y dijo que quiere revertir la mala imagen que ha dejado en sus últimas peleas. Charla informal en Facebook hecha nota –o post–.

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Internet. Redes sociales. Facebook. Todas son herramientas, que ––periodísticamente–– pueden facilitar circunstancias. Cuando pensé acerca de cuál podría ser la primera entrevista de este blog, me acordé de León Botto y Sebastián Cardano (Chavo). Ambos, profesores míos ––junto con Juanjo Aguilera y Armando Sepúlveda–– en el taller de Radio de DeporTEA ¿Por qué me vinieron ellos a la memoria? Pues, porque una de las prácticas que realizamos en esa materia de tercer año fue una entrevista radial editada, con algún protagonista del deporte. A sabiendas de mi vocación por el boxeo, me pidieron: “Gulli, al menos, un campeón del mundo”.
Y elegimos a Raúl Balbi (hoy, 36 años y 55-11-2, 38 KOs ). Fue en 2006, cuando Pepe estaba en plena preparación para una chance mundialista, frente a Souleymane M’bayé ––a la postre,estuvo en juego el cinto Asociación Mundial (AMB) de las 135 libras y el argentino cayó con el francés, por KOT, de visitante––. Dados los compromisos de su entrenamiento, finalmente la entrevista no se pudo concretar. Quedó pendiente. Y pensamos, junto con mis compañeros de grupo Xisco (Gaby, Uri, Lucas, Mummo y Jp Lotti), en otro protagonista. Descubrimos en Miguel Angel Castellini (ex monarca superwelter AMB) una idea interesante de nota. Claro, rebuscándola un poco y lograr que nos cuente anécdotas que no había contado antes. La entrevista con Cloroformo quedó muy buena, modestia aparte (Escuchala completa ¡ONLINE aquí!).
Desde aquel 2006, la charla con Pepe Balbi, dijimos, quedó pendiente. Antes de escribir este post, me acordé de León y Chavo, porque me auto–propuse lo mismo. La primera entrevista del blog, tiene que ser un campeón del mundo. Y así surgió Balbi, otrora dueño del cinturón AMB de peso ligero.
Entonces, internet y una red social facilitaron esta nota. En tiempos en los que no puedo ir a los gimnasios de boxeo a cubrir entrenamientos y entrevistar boxeadores, Facebook me dio una mano. Breve, al medio día, en horario de almuerzo de la oficina. Como Pepe se conecta a este sitio bastante seguido, en la sección de chat, se dio la conversación.
13:14 Yo: ¿Cómo está tu relación con el boxeo hoy? 13:15 El Pepe: Ahora, estoy entrenando fuerte para pelear en cualquier momento. Es más: peleaba el 11 (de agosto), en Inglaterra, con un irlandés, John O’Donnell (NdeR: un zurdo británico, de 24 años, que promedia 23–1, 11 KOs). Pero se cayó. 13:16 Yo: ¿Seguís trabajando, en Caceros, con (Mario) Tedesco? 13:16 El Pepe: Sí, claro. 13:17 Yo: Habla de tu disciplina eso… ¿Estás con pilas para entrenar? 13:17 El Pepe: Sí. Ahora, más que nunca. Voy a revertir las malas actuaciones con entrenamiento y sacrificio. 13:19 Yo: Y el objetivo, ¿es ganar acá o, como me contabas, afuera, contra alguna nueva figurita? 13:20 El Pepe: Mira, quiero pelear por algún título mundial, sea cual fuere. Es por eso que no tengo problemas en enfrentar a cualquiera de la categoría. 13:21 Yo: ¿Estás en superligero (63,503 kilos) o welter (66,678 kilogramos)? 13:21 El Pepe: Yo quiero pelear en superligero o welter… Ahora, voy a reaparecer en welter, pero más adelante, la idea es dar superligero. 13:22 Yo: ¿En cuál división te sentís mejor? 13:22 El Pepe: En welter, más fuerte. Los 63,500 me cuesta darlos. Pero quiero pelar con todos los boxeadores que hay en la categoría el año que viene. 13:24 Yo: ¿Los de acá o cualquier de afuera también? 13:24 El Pepe: Hay que empezar de local. 13:24 Yo: ¿La ves floja a la categoría? 13:24 El Pepe: No, para nada: está (Marcos) Maidana, (el campeón superligero, César) Cuenca, (Lucas) Matthysse, (Martín) Coggi, (Guillermo) Paz, (Claudio) Olmedo. 13:25 Yo: Es verdad, hay nombres. Pero falta que se enfrenten… 13:25 El Pepe: Claro. Por eso, yo estoy para pelear con ellos. Si se animan… 13:25 Yo: Pepe, y ¿qué pasó en la última pelea tuya en Bolivia? No se supo nada de por qué ese resultado (empate técnico con el boliviano Franklin Mamani, 6–0–1, 5 KOs)… 13:26 El Pepe: No me pagaron y no pelee. 13:27 El Pepe: No tenían la plata y querían que pelee igual. Y que en la semana me pagaban. Pero la pelea no fue. Se hizo un arreglo (el empate técnico). 13:27 Yo: Ah, mirá que dato… 13:28 El Pepe: Se hizo una estafa a la gente, que pagó la entrada. También a mí. 13:29 El Pepe: Yo, ya les hice una denuncia. Llamé al diario La Prensa de la paz, para que difundan el fraude. 13:30 Yo: Bueno, la verdad que poco serio la gente que organizó (Walter Mamani)… 13:31 El Pepe: Sí, un papelón. 13:32 Yo: Ok. Bueno, Pepe, te agradezco por la atención. Y bueno, esperemos que se den estas peleas que decís vos. 13:33 El Pepe: Ok, estamos en contacto. Saludos al loco de Lau (Lautaro Moreno). 13:33 Yo: Dale, saludos, estamos en contacto. |
Termina la charla. Pepe se alista y “vuela para el gimnasio”, el Tito Lectoure, del CeDeM 2 de Caseros. Yo, de regreso al trabajo de informática. El día a día, que le dicen…
Baldomir “is back for one final round”
Cuesta demasiado, al parecer, el retiro definitivo para los boxeadores. Muchos de los que llegaron a la cima han pecado con un fatídico retorno al ring. Les ha sucedido a los más grandes, en el pasado: Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard, Mano de Piedra Durán… A los peleadores buenos de esta era: Oscar De La Hoya, Julio César Chávez, Félix Tito Trinidad. E, incluso, también acontece en la ficción: Rocky Balboa ––el clásico personaje de Silvester Stallone–– volvió a combatir a sus 50. Todo por esa última chance de tener una gran actuación. Todo por salir del letargo del anonimato. Para resolver las cosas que aún tenía en el sótano, cual él mismo lo definió.
Entonces, esta historia es vieja. Tanto, como el propio boxeo. Y se repite siempre, para colmo. Hoy, sucede con Carlos Baldomir (45–12–6, 15 KOs), el ex campeón mundial welter del Consejo Mundial (CMB). A sus 39 años, Tata tiene programada una pelea frente al mexicano Saúl Álvarez. Sí, Canelo, una figura en pleno ascenso. Buen récord: 33-0-1 (25KOs). Noqueador. Fajador.
El próximo 18 de septiembre, el santafesino se subirá al cuadrilátero del Staples Center de Los Ángeles a batirse con un boxeador casi 20 años más joven que él. Todo por la gloria. Por la chance de volver a las grandes funciones. Así lo admitió y justificó Baldomir, en una entrevista con el diario Olé.
Tata confía en su pasado, en su prestigio, para volver al boxeo y quedarse por algunas peleas más en el primer nivel. Considera que las credenciales de Canelo, no son para atemorizarse: ni la corona welter CMB plateada que estará en juego, ni el título mundial juvenil que el mexicano supo ganar, ni su victoria ante José Miguel Cotto ––su rival más experimentado-– ni el porcentaje de nocauts en función de peleas ganadas. Por eso está convencido de que no sólo vencerá en septiembre, sino que habrá más funciones estelares para él.
El argentino conoció la gloria de grande. A los 34 años, fue su victoria frente a Zab Judah, en 2006, en el Madison de Nueva York, que lo consagró campeón del mundo. Defendió su título al noquear al desaparecido guerrero Arturo Gatti. Y en su próximo paso, ––por cierto–– muy ambicioso, perdió su corona con el rey supremo, Floyd Mayweather.
Luego, Tata subió a superwelter y cayó por puntos con el también fallecido Vernon Forrest ––en 2007––. Esa noche hubo indicios de que no era desacertada la idea de colgar los guantes. Al año próximo, el santafesino esgrimió otro intento de regreso a la victoria en una eliminatoria; y fue derrotado por Jackson Osei Bonsu, un boxeador de mitad del pelotón.
Entonces, pensábamos que Baldomir se había retirado, tras aquella victoria (KOT4) en Santa Fé, ante Jairo Siris, el colombiano, a finales del año pasado. Tras el match, ése era el anuncio del ídolo local. Pero no será así, por lo pronto. Tata afirma que su vuelta al ruedo no es por dinero. Confesó haber manejado bien sus finanzas, que se contabilizaron en millones de dólares. También dijo, entonces, que esta movida es porque tiene algo para dar en el boxeo.
La realidad dice que ––en líneas generales–– los regresos al cuadrilátero luego del retiro no fueron muy auspiciosos. Claro, hay excepciones, como George Foreman, que consiguió el campeonato mundial de peso pesado a los 45 años, al vencer a Michael Moorer.
Por supuesto, es verdad que Baldomir tiene todo su derecho a trabajar. Y hasta también tiene ganada, por lo que ya aportó como boxeador, a disputar nuevamente una contienda importante. Pero el punto es: ¿a qué costo? Tata asegura que ya hace más de un mes que está trabajando muy bien, de cara a su próximo desafío ––a las órdenes de Cuty Barrera, el entrenador de Lucas Matthysse––. Declaró en Olé que está 10 kilos por encima de los 66.678 , límite de la categoría welter. Esperamos que el argentino pueda quebrar los pronósticos, ganar y no sufrir ningún daño físico. Deseamos que logre engañar al destino y demostrar “que lo último que envejece con los año es el corazón” (Little Marie dixit, en Rocky Balboa, 2006).
It’s Bianchi’s time!
La selección nacional se ha quedado sin director técnico. Grondona no quiso más a Maradona y lo invitó a despedirse del cargo. De manera interina, Batista será el DT en los amistosos venideros. “Se busca entrenador”, debería rezar un cartelito colgado de la puerta del predio de Ezeiza. Y, ante esta situación, surge desde el deseo popular ––aunque, obviamente, no es el candidato oficial–– un nombre. Sí uno solo, por encima de todos. ¿Sabella?, ¿Cholo?, ¿Russo?, ¿Borghi? ¡No! ¿Quién podría ser, entonces? Es obvia la respuesta ¿No les parece?

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Es el momento justo para que Carlos Bianchi sea el técnico de la Selección. “Es un buen momento”, diría Mariano Closs. Por varios motivos, claro está. Principalmente, porque es el mejor entrenador argentino de la actualidad ––aunque no dirija desde 2006––. Es el más capacitado. El más ganador. Además, hace casi dos años, cuando había que reemplazar a Alfio Basile (que renunció por motivos personales), dijeron desde el entorno de Virrey, que se había entusiasmado más que nunca con la idea de agarrar el equipo nacional; y Julio Grondona eligió a Diego Maradona, para ocupar ese puesto. Entre otras razones, una muy atractiva es que sería un golpe histórico e impresionante ganar un Mundial en tierras del rival de toda la vida, Brasil ¿Se imaginan El Maracanazo II o Héroes III? Ambas, son películas que no se han grabado aún. Pero si hay un DT que puede llevar a la Argentina hasta ese punto, ese es él: Bianchi.
Aparentemente, no es tarea fácil conseguir un Virrey para Ezeiza. Se sabe, no es buena la relación entre Carlos ––el Pelado lírico, no el Narigón obsesivo–– y el Presidente eterno de la AFA. Hay diferencias. Son muchas. De hecho, fueron admitidas públicamente por el único portador del celular de Dios. “No me gusta la manera de trabajar de Grondona”, dijo alguna vez, tajantemente, Bianchi, como justificativo de sus rechazos para no aceptar hacerse cargo del seleccionado argentino. Siempre circuló la idea, en el ambiente del fútbol local, que mientras Don Julio esté en el sillón presidencial, el ex técnico de Boca nunca asumiría como DT de Argentina. Y se entiende.
Todas las historias que se han tejido alrededor del conjunto nacional, sobretodo en el final de la segunda etapa de Coco Basile y también durante el ciclo de Diego de principio a fin, hacen imposible imaginarse a Virrey envuelto en un circo de esa magnitud. Complots, jugadores elegidos por Grondona, sponsors que garantizan titularidad indiscutida, ruptura de códigos, mentiras, traición, perpetuación en un cargo… Ante estas circunstancias, repetimos, es casi una utopía ver a Bianchi como director técnico de la Selección.
A sabiendas de que el actual mandamás de AFA no se irá hasta su muerte ––confeso por él mismo––, entendemos se podría cambiar, (al menos) un poco, la manera de trabajar de la Asociación con sede en la calle Viamonte. Se necesitará más seriedad. Transparencia. Sabemos que es un gran esfuerzo pedirle eso a la actual dirigencia. Pero consideramos, que valdría la pena intentarlo. Claro, si de contratar a Bianchi se trata la historia. En eso estamos.
Insistimos: ¿No sería bueno cortar la mala racha de 20 años sin presencia argentina en la final de un Mundial ––la última vez fue el segundo puesto del ‘90, en Italia, con Bilardo como entrenador––? ¿No sería espectacular ser profetas ––digo, campeones–– en tierras brasileñas, en 2014? ¿No necesita el fútbol argentino terminar la sequía de títulos, ya que el último fue en el ‘93, cuando los dirigidos por Coco trajeron la Copa América a las vitrinas de la AFA? Imagino las respuestas: “Sí, vale la pena”.
Entonces, qué mejor chance para contar con el mejor técnico posible para la Selección. Porque no sólo está en juego la chicana de ser los aguafiestas de los rivales de siempre. El equipo argentino necesita recuperar la identidad perdida. Que los seleccionados que enfrenten la camiseta celeste y blanca sientan respeto. E imprimirle la estirpe rigurosa y ganadora de Bianchi al conjunto nacional, no es nada despreciable. Disipar la neblina de malos entendidos, hechos que rayan la vergüenza, la corrupción y fracasos futbolísticos. Para esta tarea, Virrey está hecho a medida, aunque nunca haya dirigido una selección.
¿Qué necesita el próximo DT de la Argentina?
Honestidad y capacidad para el trabajo. Son aspectos que siempre se le destacaron a Marcelo Bielsa, a pesar del peor fracaso deportivo de los últimos tiempos ––por no decir de la historia––, para que, incluso, haya un tercer mandato suyo. Sí, mucha gente lo sigue pidiendo. Sin embargo, ¿a alguien le cabe duda que Bianchi cuenta con esas características? Acaso, alguna persona, ¿podría involucrarlo en algún hecho que viole estos mandamientos? ¡Imposible!
Dominar el fútbol local. Si bien la carrera como entrenador de Virrey comenzó en Francia, donde dirigió en varios clubes desde 1984 a 1991, arribó a trabajar a la Argentina en 1993. Empezó en Vélez, donde consiguió tres títulos locales: ‘93, ‘95 y ‘96. Tras decirle por primera vez que no a la selección albiceleste, fue a Boca. Y para qué… Campeón a nivel nacional en: ‘98–’99, 2000 y 2003.
La gloria en América. Con aquel equipo de Vélez del ’94, Bianchi consiguió la Copa Libertadores, en Brasil (nada más y nada menos), contra Sao Pablo. Fue la primera del club. Además, ese mismo año, sumó a las vitrinas del Almfintani la Copa Interamericana ––ultimó a River––.
Ya con Boca, alzó nuevamente el trofeo más importante a nivel americano en: 2000, 2001 y 2003. Se consagró ––cronológicamente–– ante Palmeiras, de visitante (otra vez a la brasileña); contra Cruz Azul, en la Bombonera; y frente al Santos, en patio ajeno (¡¡¡nuevamente, Brasil!!!).
Ganarle a los europeos. A esta altura, se puede decir que ganar la Copa Intercontinental es una especialidad de Virrey. Sino, basta con acordarse de las madrugadas japonesas en las que venció: al Milan, en 1994, con Vélez (2–0); al Real Madrid, en 2000, con los goles de Palermo para Boca (2–1); y, nuevamente con el equipo xeneize, en 2003, frente a la squadra rojinegra de Milano, esta vez por penales 3–1 (habían empatado 1–1).
Entonces, al parecer, valdría la pena hacer sacrificios y contratar al Carlitos más ganador. En eso estamos. Desde su entorno, se filtró la información de que ganas hay. Quizás, sea el mismo entusiasmo que tuvo hace dos años ¿Quién sabe? Si Grondona lo llamara, Bianchi lo atendería. Si el presidente de AFA intentaría convencerlo. Si demuestra reales deseos de contar con su talento e interminable capacidad. “Si tratara de seducirlo con un proyecto serio”, dijo Guillermo Barros Schelotto. Podría ser. Podría darse. Si las intenciones son llevar a la Argentina a lo más alto, este es el camino. Con Virrey, todo es posible. Sin dudas It’s Bianchi’s time!
Un equipo subjetivo
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El Mundial de Sudáfrica 2010 ha dejado –además de un nuevo campeón, España– un esquema táctico que prevaleció sobre toda formación posible: el 4-2-3-1. Los tres equipos que se subieron al podio (el conjunto de Del Bosque, Holanda y Alemania) lo han utilizado, casi a rajatabla.
Esta disposición está conformada con una defensa estándar de cuatro: dos centrales, preferiblemente altos, y dos laterales con salida; en la mitad de la cancha, dos volantes centrales, el bien conocido doble cinco; en una línea adelantada, tres medio campistas con bastante vocación ofensiva (uno en cada banda y uno central –una suerte de diez–); y un referente de área, el goleador.
Sin embargo, para el equipo ideal de la Copa del Mundo de este blog, se elige –paradójicamente a mis preferencias futbolísticas– un estilo bielsista : 3-4-3. A pesar de que en Sudáfrica los DT’s apostaron a cuidar mucho el aspecto defensivo, nuestro seleccionado intentará ser lírico –cual ranking de paso a paso, el programa de TyC– del medio campo hacia delante. A lo Boca del Maestro Tavárez en 2002.
ALINEACION:
Arquero: El holandés, Stekelenburg. Seguro, confiable. Mantuvo el nivel en todo el campeonato. Le ganó la pulseada al arquero que quedó suplente, gracias a haber jugado los siete partidos y por la buena actuación en la final –sin importar el gol recibido. La perfección en fútbol no existe–.
Defensores: Como líbero, el alemán Mertesacker. Gigantón de 1.96, usa su altura para ir bien de arriba. Duro de pasar; y encima contó a veces con la suerte de su lado, como el remate de Tevez que iba directo al arco y le dio en el rostro para irse al corner.
Uno de los centrales, el español Puyol. No tuvo lucidas actuaciones, pero es un referente en la defensiva de su selección. Cacique. Hizo un gol importantísimo en semifinales contra Alemania.
El otro zaguero, el uruguayo Lugano. Si bien no jugó todos los encuentros, por sufrir una lesión, cuando lo hizo fue sólido. Y no le viene mal un poco de garra charrua al fondo.
Volantes: De cinco, el germano Schweinsteiger. Fue figura en Alemania, que por momentos fue el mejor equipo del mundial. Marca y proyección, incluso hasta el área rival. Se desbocó antes del partido contra Argentina, pero fue superior a todos los volantes centrales.
Por la izquierda, la revelación de este torneo: el alemán, Mueller. Jóven, rápido y habilidoso. Atrevido, encima. Con mucha sorpresa y gol. Ahora, Diego lo conoce bien, ya que por no ubicarlo no quiso compartir con él la conferencia de prensa del amistoso previo a Sudáfrica (entre Argentina y Alemania). El primer gol del 4-0 fue el tanto que dejó a la selección nacional fuera de la Copa del Mundo. Maradona no lo olvidará, seguramente.
Abierto por la derecha, aunque sea un enganche, va el holandés Sneijder. Fue muy importante en su equipo: dio pases claves y encima hizo goles (5).
El Diez del grupo, el conductor del Campeón: Xavi. Un crack de aquellos ¿Cabe alguna duda? Recupera, crea, pases exactos y pegada exquisita ¿Algo más? Encima, es un jugador con un temperamento enorme. No puede faltar.
Delanteros: En un extremo, el mejor del Mundial, el uruguayo Forlán. Experto en jabulanis –el balón de Adidas–. Hizo goles de todos los colores. Sobre todo de tiro libre y golazos de afuera del área. Justamente se llevó el balón de oro sudafricano.
Como referente de área, la figura de la delantera españoleta: Villa. Fue la presencia ofensiva más importante, porque hizo las anotaciones cuando se lo necesitó –él mismo eligió el tanto ante Paraguay, en un partido muy dificile–. Sumó 5. Ese oportunismo le da la nueve de nuestro equipo.
Para completar el tridente ofensivo, el holandés Robben. Sí, ya sé: arruinó su actuación mundialista, justo en la final. Pero por sus presentaciones previas, es titular, indiscutido. Además, por su lucha contra lesiones y una enfermedad muy difícil de vencer, aseguradísimo un lugar en el equipo subjetivo, a manera de reconocimiento u homenaje de nuestra parte, si se quiere.
DT: El técnico campeón, Del Bosque. No solo por alzar la Copa, sino porque se lo merece realmente. Se bancó la presión de agarrar una selección que ganó la Euro 2008 y llegar al Mundial como gran candidato y no se amilanó. Encima, perdió el primer partido. Tuvo la serenidad de seguir creyendo en sus jugadores y hacer las cosas bien. Hizo que España siga jugando el verdadero fútbol que le gusta a la gente –o tiqui tiqui– y ganó en ese plan ¡Felicitaciones!
Suplentes: Enyeama (ARQ, NIG); Alcaraz (DEF, PAR), Boateng (DEF, ALE); Iniesta (VOL, ESP), Öezil (VOL, ALE); y Gyan (DEL, GHA).
El orgullo de ser argentino no se pierde nunca
Tristeza, sí. Dolor, también ¿Vergüenza?, jamás. La derrota 4–0 de Argentina ante Alemania ––que dejó afuera al equipo nacional del Mundial de Sudáfrica–– es más irrefutable que nunca: esta vez no se perdió por un penal de Sensini que no existió, ni tampoco se cayó en la morbosa lotería de los penales. Sin embargo, no es un hecho del que ––reiteramos–– haya que sentirse avergonzado, ni esconder la cabeza en la tierra como el avestruz. Hay que aceptarlo como resultado posible de un ciclo que no comenzó de la mejor manera y, justamente, así terminó. De todos modos, en el campo de juego, fue una caída deportiva. No nos comamos el chamuyo de que es una abatida de la sociedad argentina. Ese partido se pierde en otros ámbitos.
Me animaría a decir que no es fracaso, esta retirada temprana de la Copa del Mundo. Era de esperarse. Simplemente, porque la Selección no era candidato. No podía ser favorito a quedarse con el gran premio, un conjunto que clasificó con las dificultades (no sólo los malos resultados, sino todos los problemas de diferentes tenores que existieron) que lo hizo el equipo dirigido por Maradona. Lo que pasó fue que todos nos fuimos entusiasmando en el mes del Mundial. Es obvio. Somos argentinos y el fútbol apasiona por estas tierras. Además, las victorias sobre equipos de un escaso poderío se prestó a la ilusión. Claro, Argentina había demostrado, con poco, ser uno de los mejores seleccionados de la primera fase.
Si bien Nigeria, Corea del Sur y Grecia no fueron una buena vara para medir las expectativas de la selección nacional, el partido con México había prendido una alarma. No roja, pero al menos amarilla. Se pudo haber estudiado los errores y cambiar para el choque durísimo frente a los alemanes. No se hizo. Y no hubo cábalas que valgan. Ni las del cuerpo técnico ni las de los millones de argentinos que aplicaron las suyas, religiosamente. La derrota con el combinado germano, fue aplastante, aunque no mereció la diferencia de cuatro goles.
Desde la primera actuación se presentaron algunos puntos bajos. A saber:

Demichelis no rindió nunca. Falló siempre. Llegaba a destiempo, fue inseguro. Muy permeable. Ni su gol a los griegos podría reivindicarlo.
Heinze, siempre resistido, pero a la vez titular indiscutible para todos los últimos entrenadores del conjunto albiceleste, actuó cómo se esperaba: flojo. Fue muy fácil para sus rivales pasarlo, gambetearlo, dejarlo pagando. Sólo apareció tres veces para bien: un gol luego de una pelota parada, a Nigeria; y dos salvadas en la línea, con México.

A Otamendi le pesó la responsabilidad de jugar un Mundial y encima en una posición que no es su habitual.
En el medio campo, Mascherano estuvo desolado, corriendo de un lado a otro, pegando en lugar de quitar, e impreciso con la pelota. Aportó el arenga, las ganas, pero ya con eso no alcanza.
Jonás Gutierrez lo poco que jugó pasó desapersivido. No se esperaba mucho de él, de todos modos. Maxi Rodriguez fue una sombra de su versión 2006. Y Di María, de quién si había buenas expectativas, sólo apareció frente a Alemania, por derecha, sector de la cancha poco común para el siete. Igual, no obstante el esfuerzo final, no pudo romper la valla rival.
Justo en el Mundial, Maradona se dio cuenta que Verón no estaba para jugar los 90 minutos, en un partido de real importancia. De todos modos, era uno de los jugadores hábiles para tener el balón, pero jugó poco y nada, en los momentos cruciales. Pastore tiene esa misma capacidad, y las veces que ingresó impresionó bien, pero el DT no lo puso cuando se lo necesitó. No arriesgó a colocarlo desde el arranque. Debía jugar por tenencia de pelota y por juego asociado con Messi.

Nada más y nada menos que Messi. El salvador. Ese hombre, ese joven en quien todos pusieron sus esperanzas de que sea el Maradona de esta Selección, no pudo serlo. Porque Diego hubo y habrá uno solo. De todos modos, Lionel tuvo una buena primera fase ––de hecho, lo mejor de él desde que luce la celeste y blanca––. Sólo le faltó el gol. Pero, en los encuentros comprometidos, no pudo brillar. Entendemos que fue debido a la posición en la que se ubicó. No fue nunca un tercer delantero, sino un volante de “creación”. En ningún momento llegó a herir, porque siempre arrancó desde muy atrás en el campo. Es el jugador más talentoso del mundo. No hay duda. Sin embargo, hay que trabajar mucho sobre Lio para que pueda rendir en Argentina, al menos un 80% de lo que lo hace en Barcelona.
Higuaín, a excepción del tanto a México, hizo los goles fáciles. Y está bien. Para eso está el goleador. Ante Alemania, nada pudo hacer. No creó sus propias chances, ni aprovechó las pocas que le facilitaron.
Por supuesto, todas las decisiones acerca de qué jugadores debían jugar y en qué parte de la cancha, pasaron por Diego. Por lo tanto, es tan responsable de todos los desaciertos, así como de los aspectos positivos: colocar a Messi, Tevez e Higuaín juntos; el ingreso de Agüero contra Corea; y la inclusión de Palermo, cuando se extinguía el cotejo ante Grecia.

Sin considerar la euforia durante el Mundial, que hizo que creyeramos que Argentina podía ser campeón, el equipo de Maradona consiguió más de lo que se podía suponer. Al menos, jugó bien en los compromisos accesibles. Antes ni eso hacía. Sin embargo, se retiró de la Copa de una manera también previsible. Sufrió una goleada inobjetable, acorde a algunos resultados padecidos en el ciclo, por ejemplo: el 1–6 con Bolivia, o el 1–3 ante Brasil en Rosario.

Este mandato de Diego como entrenador está out. Aunque lo convenzan o se convenza de seguir a cargo del primer equipo argentino, ya será otro periodo. Y tiene que ser un proyecto más firme. De mayor seriedad. Con menos intereses externos y más factores futbolísticos. Rápido, habrá un compromiso obligado a ganar, la Copa America 2011, como locales. Es verdad que ya han pasado 20 años y Argentina no puede alcanzar semifinales en mundiales. Es cierto que se atraviesa una sequía de 17 años sin títulos. Pero a pesar de que el fútbol es uno de los aspectos más importantes en la vida de la mayoría de los habitantes de este país, no hay que sentirse menos que nadie. Con mucho trabajo se puede torcer la historia. Porque el orgullo de ser argentino no se pierde nunca.
Un día de agradecimientos y felicitaciones
Hoy es el Día del Periodista. Agradezco a todos los que me han saludado por la causa. Gracias por el afecto, por los buenos deseos. Gracias por las felicitaciones, aunque no esté trabajando ––o sea, viviendo de un trabajo–– como periodista. Gracias por la buena onda.
Hoy es un día ambiguo. Raro. Porque sé que es mi día, pero a la vez siento que no lo es. A la hora del cierre de los diarios, no estaré entregando una nota. No saldré al aire para la radio. Mi tarea, en la actualidad, es otra: a las seis de la tarde, estaba terminando de depurar un reporte de una aplicación web de Sun (ahora Oracle) desarrollada en PHP, JavaScript, MySQL y HTML. No es lo mismo, obviamente…
Hoy debo aferrarme a este 7 de Junio, quizás porque los analistas de sistemas no tenemos día en el que se nos conmemore o felicite. O tal vez, sí sienta el reconocimiento por lo que he aportado como periodista o por el simple hecho de admirar a la profesión.
Hoy recuerdo que de niño no sabía que iba a ser periodista ––mucho menos empleado de sistemas––. No era la idea. El deseo, desde pequeño, desde siempre, fue ser boxeador. No se dio. Pero el periodismo, me dio la chance de una revancha. Haber vivido ese deporte, que siempre quise, desde adentro, pero desde abajo del ring, como periodista.
Hoy escribo sólo por pasión, por profesión, por gusto. Por vocación. Vivir del periodismo, por diferentes motivos, tampoco se dio. He comprobado que es una tarea muy difícil. Casi imposible, diría. Influyen diversos factores. No sobran las vacantes, está claro. Y la buena suerte es indispensable. Por supuesto, condiciones, aptitudes para la profesión, son excluyentes también. Pero algo más, que no lo sé, debe influir…
Hoy, de todos modos, estoy tranquilo. Aunque, de más estaría aclarar que un tanto frustrado me siento. Puede ser éste, uno de esos días en los que me preguntó para qué sirvió tanto esfuerzo. Tanta dedicación… ¿Fue una pérdida de tiempo? No lo sé. Aunque, en alguna parte, estoy seguro, que todo tiene su por qué.
Hoy, desde este blog, saludo y felicito a todos los periodistas. ¡Todos! A los que trabajan en gráfica (mi medio predilecto), radio, TV o internet; bien pagos o Ad honorem. Además, agradezco a aquellos periodistas que fueron mis maestros. Profesores en DeporTEA que me enseñaron dentro y fuera del aula (Horacio Pagani, Julio Spina), compañeros de la escuela de periodismo con críticas constructivas (Gabriel De Filippis), periodistas del boxeo siempre bien predispuestos para darme una mano (Gustavo Nigrelli, Eduardo Bejuk) o compañeros de los medios en los que trabajé o aún colaboro (Daniel Alonso ––Lo mejor del boxeo––, Lautaro Moreno, Federico Quintana, Horacio Gustavo Fernández, Rudolf Armesto Larcher ––todos de Ring de Ideas––, Hernán Lo Iacono ––boxeo.org.ar––, Aldo Chajet ––BoxRec––, Mingo Raffaelli, Jesuán Letizia ––por entonces, ambos en Campeones en el Ring––, Sebastián Crosta ––Revista Ascenso––), que me dieron una oportunidad al comienzo. A todos, nuevamente, ¡Feliz Día!
Argentina, un equipo que sufrió mucho para llegar al Mundial
¡Al fin! Maradona confimó los 23 jugadores que viajarán a Sudáfrica. La mayoría de los medios se quedaron sorprendidos por la inclusión de Garcé, el jugador de Colón. Sin embargo, no será objetivo de este post analizar la lista, ni cuestionar la presencia de Chino ––aunque para nosotros no debería estar en la nómina––. Este artículo es una reseña acerca del cíclo de Diego al frente del equipo nacional, que finalmente tendrá estos convocados:
ARQUEROS: Romero, Andújar y Pozo. DEFENSORES: Otamendi, Demichelis, Samuel, Heinze, Burdisso, Clemente Rodríguez y Garcé. VOLANTES: Jonás Gutiérrez, Mascherano, Verón, Di María , Maxi Rodríguez , Bolatti y Pastore DELANTEROS: Messi, Higuaín, Tevez , Diego Milito, Agüero y Palermo.

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Héctor Veira inmortalizó la frase: “La base está”. Fue allá por el ‘97, cuando era técnico de Boca. Tenía razón. Los jugadores que incluyó Bambino en el plantel (Palermo, los Mellizos Barros Schelotto, y los colombianos Córdoba, Bermúdez y Chicho Serna; Riquelme, Arruabarrena, Cagna y Basualdo ya estaban en el club), más algunos refuerzos (Ibarra y Samuel, que no jugaba) y el modelado táctico ––y profesional–– que le aplicó al equipo Carlos Bianchi, dio como resultado el comienzo de la época más exitosa en la historia xeneize. Se consiguieron, en un principio, logros como el bicampeonato ’98–’99, Copa Libertadores ’00 y ’01, e Intercontinental 2000.
Desde hace unos meses, Maradona, como DT de la selección nacional, puede decir: “El equipo está”. Ya no tiene dudas, Diego, acerca de los 11 titulares que saldrán a la cancha, frente a Nigeria, en el debut del 12 de junio. La formación: Romero; Otamendi, Demichelis, Samuel, Heinze; Jonás Gutiérrez, Mascherano, Di María; Verón; Messi e Higuaín.
Aunque tenga los nombres, el dibujo táctico (4–3–1–2) y ––supuestamente–– la idea de juego, no quiere decir que Argentina sea candidato a ganar la Copa del Mundo, ni mucho menos. No es el propósito de este artículo ser el típico pesimista crítico de lo propio y alagador de lo ajeno; ni tampoco ser más papista que el Papa. Sin embargo, el juego presentado por el conjunto nacional en la era Maradona ––y previo a esta etapa, durante las eliminatorias, cuando Alfio Basile era el entrenador–– dejó una preocupante sensación de inseguridad. Nunca jugó bien en equipo.
PARA HACER MEMORIA
El período de Diego al mando del seleccionado mayor comenzó a fines de 2008, en medio de una situación polémica. Tras caer (0–1) ante Chile, en Santiago, el ––por entonces–– DT Basile presentó, en AFA, su renuncia indeclinable. Se dice que algunos de los jugadores del plantel conspiraron ( leer DURAS ACUSACIONES… ) en contra de Coco, para que deje su cargo. Supuestamente, los players más jóvenes y algún que otro referente no estaban conformes con el método Basile. La relación era muy tensa, Coco sintió que sus dirigidos no le respondían y dijo: “Bye”. Cuando los dos candidatos más firmes eran Bianchi y Miguel Angel Russo, Julio Grondona sorprendió a todo el mundo anunciando a Maradona como técnico y a Carlos Bilardo, manager general.
En lo fútbolístico, durante las eliminatorias, salvo el debut oficial ante Venezuela en el que Argentina goleó 4–0, todo fue duda, malos rendimientos, falta de ideas… La Selección perdió mucho y peligró realmente su clasificación al Mundial. Y eso que este formato de eliminatorias fue ideado para que ni Brasil ni Argentina corran riesgo de quedarse a fuera…
Los puntos bajos en las actuaciones del equipo del Diez y los malos resultados se repitieron una y otra vez. Hasta último momento, el elenco nunca supo a qué jugaba.
EN DETALLE
En la altura de La Paz, sufrió una humillante goleada: 1–6 con Bolivia. No se puede rescatar nada de ese match. Luego de ese juego, un zapatazo de Cata Díaz cerró el 1–0 a Colombia, en el Monumental. Había sido un partido muy flojo del local. Y una fecha después, ¿otra vez la altura? Lo cierto es que, ante Ecuador, se perdió 0–2, en Quito. Jugó mejor que en la presentación anterior, pero no le alcanzó para siquiera mantener el arco en cero.
Tras estos malos resultados, obviamente, Argentina quedó cuarto en la tabla general de las eliminatorias. O sea, adentro de la Copa del Mundo, pero al borde de la repesca. Y, encima, se venía Brasil. Se llevó el encuentro a Rosario, para meterle presión a los brasileños. De nada sirvió. La inestabilidad ––a lo largo de todo el ciclo–– para armar la defensa, a veces con tres hombres u otras con cuatro, hizo que, justamente frente al clásico rival, se pague muy caro. Fue 1–3. Mal rendimiento de los defensores.
Próxima parada, Asunción. Compromiso duro a priori; y así resultó. Argentina fue derrotada 0–1. El equipo dirigido por Diego no pudo controlar nunca a Paraguay y terminó jugando con Loco Palermo y Flaco Schiavi como referentes de área. No hay mucho más que aportar… ¿No les parece?
Quinto en la tabla global, en zona de repechaje, se venía Perú en cancha de River. La historia es recordada. La Selección fue salvada por el nueve e ídolo de Boca, que colocó el 2–1, aquella noche de tormenta.
Recién en Montevideo, frente a Uruguay, Maradona paró en cancha los 11 que ––a excepción de Samuel por Schiavi–– están en su mente para la primera presentación mundialista con Nigeria. Ese partido ante los Charruas fue áspero, muy trabado, sobre todo en el mediocampo. Es decir, como siempre contra los uruguayos. Se determinaba quién clasificaba directo y quién iba a repechaje. Bolatti anotó el 1–0 y consiguió el ticket sin escalas a Sudáfrica. La euforia tapó los errores cometidos, pero Bruja Verón, uno de los principales referentes en la chancha pidió por un cambio: desde los abajo, hasta los dirigentes. Claro, se había clasificado, pero sufriendo mucho.
Durante su gestión, Maradona probó muchos jugadores. Fueron 108 en total. El conjunto de AFA disputó diversos amistosos con integrantes del fútbol local, ante oponentes irrelevantes como: Panamá (3–1), Ghana (2–0), Costa Rica (3–2), Jamaica (2–1) y Haití (4–0). Los mejores resultados los consiguió en los encuentros no oficiales ante Francia (2–0) y frente Alemania (1–0), partido en el que paró a sus 11 titulares y terminó de cerrar su idea. Contra rivales como España o Catalunya, La Selección cayó 1–2 y 2–4, respectivamente.
PREGUNTAS CON RESPUESTAS
A) ¿Tanto le costó a Diego encontrar el equipo?
B) ¿Se puede decir, entonces, que consiguió identidad, la idea de juego?
C) ¿La formación que tiene en mente el DT, es la mejor qué podría armar?
Para estos cuestionamientos, por supuesto, hay respuestas…
A) Y sí, le costó mucho a Diego hallar un sistema de juego y también las piezas para confeccionar su esquema. En un principio, el Diez tuvo mayúsculas dudas, sobre todo en defensa y medio campo. Y claro está, que también muchos de los convocados por el DT tuvieron bajísima productividad durante el ciclo.
B) La mejor explicación es que Maradona tiene un buen conjunto de individualidades. Sus jugadores están pasando por un excelente momento en sus respectivos clubs, mas no han jugado bien ni individualmente ni en equipo en la selección nacional. El entrenador ya tiene la idea de cómo jugar: su arquero es Romero; quiere defender con cuatro centrales, que él considera le dan seguridad en el fondo; en el medio, Mascherano como cinco solo, casi sin ayuda en la recuperación del balón, porque Jonás y Di María son volantes exlcusivos de proyección; Verón es su conductor; y arriba con Messi moviéndose libremente y un nueve no tan de área como Pipa Higuaín.
C) En Argentina, se dice, somos todos técnicos. Obviamente, para cada uno de nosotros, hay una formación mejor a la que un técnico pone en cancha, ya sea en un club o en una selección. Desde nuestro punto de vista, hay algunas salvedades o preferencias diferentes. No analicemos posibles nombres que no van a estar, porque ya no hay vuelta atrás. A saber:
Romero, es un arquero bastante seguro. Consideramos mal la actitud de cortar a Andujar por los goles recibidos ante Brasil.
El punto de mayor desacuerdo es la defensa de cuatro centrales. Es segura, sí, pero ante selecciones con volantes y delanteros de poco vértigo, como Alemania ––que tiene jugadores altos, más bien lentos––. Frente a hombres habilidosos y rápidos, puede causarle dolores de cabeza. Mejor sería contar con dos laterales. Tendría mayor proyección en las bandas. Diego sólo lleva a Clemente y Garcé ––que no es marcador de punta, natural––. Él sabrá…
Maradona considera que esa salida, se la dan sus veloces volantes Di María y Jonás. Es verdad, pero no aportan nada en la recuperación. Y un defensor que sube y llega al campo visitante tiene el plus de la sorpresa. En cambio, a los mediocampistas, los esperan con los brazos abiertos. Además, no nos olvidemos que en un Mundial todos los jugadores emplean la vida. No es una liga local. Por más que Mascherano se sienta bien jugando como único cinco, necesita a alguien que le dé una mano en el quite de la pelota. No puede correr y cubrir de un flanco a otro, sin que el desgaste físico le pase factura. La historia de que tiene un motor Multijet implantado en su cuerpo fue una muy buena campaña publicitaria de Fiat. Entonces, como dice el profe Pagani, “seamos buenos”.
En la delantera, ojalá Messi juegue bien. No como lo hace en el Barcelona, porque no lo hizo nunca en la Selección. La idea sería que se destaque, que sobresalga. Que explote vistiendo la celeste y blanca. Pero tampoco habría que confiar exclusivamente en él. No es un Messias… Argentina tiene jugadores ––valga la redundancia–– para jugar muy bien en equipo, y esa actitud es más importante que cualquier individualidad. Maradona hay uno solo. Y hoy está en el banco, pero como DT. Entre Higuaín o Tévez, alguno de ellos debe ser el nueve. Está claro. Diego prefiere a Pipita, nosotros a Carlitos. Es sólo una opinión. Cuestión de gustos, nomás. Un pedido: que no se prive el ténico de poner a Palermo en los momentos necesarios. Confiamos que lo hará. Pues, cuando la clasificación estaba complicada el Diez apeló al Titán.
EN LINEAS GENERALES
Dijimos que Argentina no es candidato a ganar el Mundial. Ha sufrido mucho para llegar, es cierto. Los que arrancan arriba en las apuestas son Brasil ––el de siempre–– y España ––ganador de la Euro––. Pero ¿puede ser campeón? Por supuesto que sí. Todos los equipos comienzan con esa esperanza. Con esa ilusión. Y mucho más la selección nacional con las individualidades que posee, de las mejores del mundo. El tema es que logre solidez grupal. Voluntad. Ganas de ganar, sobre todas las cosas. Ayudarse unos a otros. Olvidarse por un momento de los egos personales ¿Será posible? De eso dependerá la actuación argentina en esta Copa del Mundo, que está a la vuelta de la esquina.

Palermo, al Mundial
Maradona dio a conocer la lista de 30 jugadores, de la cual saldrán los 23 seleccionados para el Mundial Sudáfrica Veinte–Diez. Y, tal como lo había adelantado el DT, para alegría de muchos (al menos, la mitad más uno) y disgusto de otros tantos, Martín Palermo está ahí metido. Sí, así es… Entre las megaestrellas que juegan en el fútbol europeo, como Messi, Higuaín o Tévez ¿Está bien que el nueve de Boca tenga esta oportunidad a los 36 años? Aquí, la explicación de por qué ––en mi opinión–– ¡SÍ!

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“Y… lo que pasa es que son 23 jugadores, nada más”, escuché a varias personas decir; Y más de una vez. Entonces, redoblo la apuesta: “¡Sí! Son 23 en la lista del Mundial ¿Y qué?”. Los que no están contentos con que vaya Martín Palermo a la cita de Sudáfrica, se han aferrado a vacíos fundamentos. Acaso, ¿es excluyente el límite de 23 seleccionados a que el goleador histórico de Boca esté en la nómina?
¡NO! Imagino que no tiene relación alguna con la numerología y que lo que quieren decir es que hay 23 nombres antes que el de Palermo. Tienen diversos motivos, aseguran. Sus argumentos son: su edad (36 años), falta de aptitudes técnicas ––llegaron a tratarlo de retirado o gritarle su apellido a un perro. Claro, pregúntenles cómo les fue después––, carencia de prestigio que sí tienen los que juegan en Europa o es negativo que juegue en el fútbol local (y encima en Boca, que a excepción de sus propios hinchas, es el equipo más odiado de Argentina)… Todo lo que quieran.
Igual, hay tantas razones como estas que exponen, o seguramente más aún, para afirmar que este Optimista del Gol ––tal lo bautizó Carlos Bianchi–– merece su lugar en la Word Cup 2010. A saber:
LA CLASIFICACIÓN
Quizás sea lo más recordado y novelesco. Era tarde-noche ventosa en el Monumental. Octubre de 2009 y de incertidumbre. La Selección no venía jugando bien, sino mal y con las tres letras que componen la palabra. Había ya (en la fecha anterior) caído 1–3 con Brasil, en Rosario; y 0–1 con Paraguay, de visitante. Entonces, era un partido decisivo frente a Perú.
Ya no se podía decir: es un trámite. Porque el equipo argentino afrontaba la etapa de no saber si se clasificaba directo al Mundial, iba a repechaje ––por entonces, Costa Rica–– o se quedaba afuera. Sí, out de la Copa del Mundo, cual México ‘70. Y Palermo estaba en el plantel. Claro, no de titular.
El nueve de arranque fue Gonzalo Higuaín, estrella del Real Madrid. En la primera mitad, Argentina dominó el juego, pero nunca pudo concretar, por ello se fue 0–0 al descanso. Entonces, Diego no lo dudo y le dijo a Martín: “Andá y resolvé esta historia, como siempre lo hiciste”. Sí, se lo dijo a él. No a Lionel Messi, no a Higuaín… Y lo mandó a la cancha, desde el inicio del segundo tiempo. Y Loco entró. Con su optimismo intacto. Con su sed de gol, juegue donde juegue.
Rápido, Argentina se puso 1–0, con gol de Pipita, que empezó en ese momento a garantizarse la titularidad, en caso de darse la clasificación. Pero, con el transcurso del juego, La Selección perdió ritmo. Y peligrosidad también. Encima, Perú comenzó a confiarse en ataque. Se envalentonó y avisó varias veces que no estaba de paseo. Para completar el escenario, se largó una tormenta de aquellas. Llovía a cántaros. Torrencialmente.
Como le ha pasado muchas veces al Titán, de alguna forma la ligó. Un jugador peruano le rompió el tabique nasal de una patada. Pérdida profusa de sangre. Y Palermo seguía ahí, buscando sumar para el equipo. Partido chivo, para colmo. Cuando se extinguía el juego (minuto 89) y el 1–0 servía, Perú empató. Ahí sí… Las posibilidades de estar en la gran cita se veían complicadas, incluso para llegar a un repechaje, al mejor estilo USA ’94.
Y Argentina fue con todo lo que tenía… Obvio, apeló a los centros para el ídolo de Boca y Rolando Flaco Schiavi ––otro convocado exclusivamente para la operación No quedar afuera––. Como en una película, en una de las últimas alternativas, en tiempo de descuento, Martín lo resolvió. Fórmula xeneize: centro de Pocho Federico Insúa y gol de Palermo. Maradona rebozó de felicidad. Se tiró al piso de pecho, hizo patito, gritó y lloró. Festejó. El heroico delantero lo salvó. Nos salvó. Ese grito (el 2–1), con la nariz rota, bajo la lluvia, le abrió la puerta al tan ansiado pasaporte, que luego sellara Mario Bolatti, ante Uruguay, en el último partido de las eliminatorias.

Y no pregonamos que hay que llevar a Palermo a la Copa del Mundo, porque es un manosanta capaz de hacer milagros, como clasificar a esta selección nacional para Sudáfrica u otros tantos hechos quasi maravillosos. Tampoco sólo por cerrar la victoria ante Perú. Es porque es un jugador capaz de definir un match, en circunstancias complicadas. Adversas. Cuando ya nadie apuesta una ficha ni por él ni por su equipo.
ES SU MOMENTO
Es verdad, Martín tiene 36 años. Su edad, por no ser arquero, no es la más indicada para llegar a un compromiso tan importante. Pero no es excluyente. Robeto Ayala fue, con 33 abriles, una de las figuras argentinas en Alemania 2006 ––junto con Pato Roberto Abbondanzieri––. Entonces, como el gran periodista y profesor de periodismo Horacio Pagani dice: “Seamos Buenos”. Al menos entre nosotros.
Además, a pesar del paso del tiempo, Palermo no ha perdido vigencia. En el último campeonato argentino (Clausura 2010), ha llegado hasta la última fecha, con la alternativa de ser el máximo goleador de la competición. Compartía la punta ––con diez unidades–– junto con Mauro Bosselli, quien finalmente marcó tres tantos ante Colón y se consagró pichichi.
¿Y en la Selección? Entre amistosos y partidos oficiales, el nueve de Boca es el mayor anotador en la era Maradona, con cinco gritos en seis presentaciones. En todo momento que Diego lo llamó, Martín estuvo. Y eso que el DT no lo comenzó a convocar, sino hasta que empezó a peligrar la presencia argentina en el Mundial.
Se dio justo la situación de que todos los delanteros nacionales que juegan en las principales ligas de Europa están teniendo muy buenas actuaciones en sus equipos. Gran cantidad de goles, hicieron. Por esta razón, muchos subrayan que hay que dejarlo a Palermo en Buenos Aires. Nombran a Ezequiel Lavezzi o Lisandro López como mejores opciones. Sin embargo, ni Pocho ni Licha tuvieron vastos méritos en este ciclo de Maradona. Ya sea porque jugaron poco o porque no deslumbraron cuando les tocó jugar.
Desde nuestra óptica, no se discute la titularidad de Higuaín o del propio Carlos Tévez, como nueve de La Selección. A priori, uno de ellos debería ser el candidato a goleador del equipo ––Carlitos, para mi consideración––. Pero éste, es el momento de Palermo, para lograr lo que le falta: dejar una marca en el equipo nacional. Aunque sea como suplente. El seleccionado albiceleste necesita de un hombre de sus características, con su olfato. La ayuda de un salvador, no está de más.
Sería como una suerte de homenaje a su carrera, darle a Martín la posibilidad de jugar en Sudáfrica Veinte–Diez. Es el máximo goleador en actividad del fútbol argentino y, con 222 goles, es el insuperado anotador en la historia de su actual club, Boca Juniors ¿Qué más se le puede pedir, si como acotamos antes, su actualidad tiene bonanza golera también?
Los argumentos de sus detractores quedan flacos, expuestas nuestras razones. Son resentidos, los que quieren borrarlo de la lista mundialista. Tendrán sed de venganza, quizás, por algún tanto que Loco les habrá clavado, intuyo. Al fin y al cabo, Martín Palermo les responde siempre con goles. Sin dudas, lo mejor que sabe hacer. Cuando los concrete en el Mundial, ya los van a festejar.












